¿QUÉ SON LAS CONSTELACIONES FAMILIARES?

Las Constelaciones Familiares, que empiezan siendo un instrumento diagnóstico y, por lo tanto, un recurso dentro de lo que conocemos como terapia familiar sistémica, están conociendo en la actualidad un gran desarrollo a nivel mundial. Cuando una Constelación se abre, pone afuera el problema o motivo de la consulta, lo plasma en el exterior, por lo que se puede ver, desde otra perspectiva diferente a la pensada, qué me pasó, qué me está pasando, qué lugar ocupo, desde qué lugar estoy mirando en mi familia, en mi vínculo de pareja, o con relación a mi salud, a mi empleo, etc. En definitiva, una Constelación me sirve para ver dónde estoy y si estoy o no dispuesto a cambiar de lugar. Esto significa que va más allá de lo que conocemos como un modelo exclusivamente terapéutico y se posiciona como un modelo filosófico del pensamiento.

Ese cambio de lugar para mirar nos amplía la comprensión de “nuestra verdad”, sin alterarla ni justificarla. Algo en nuestro interior se modifica y nos brinda la posibilidad de integrar esta nueva mirada.

Por lo tanto, va más allá de lo que conocemos como un modelo exclusivamente terapéutico y se posiciona como un modelo filosófico del pensamiento. Ese cambio de lugar para mirar nos amplía la comprensión de “nuestra verdad”, sin alterarla ni justificarla. Algo en nuestro interior se modifica y nos brinda la posibilidad de integrar esta nueva mirada. El trabajo solo muestra algo. Es el que consulta, ya sea en forma individual o en grupos/talleres, quien decide y define el paso siguiente.

CÓMO SE HACE UNA CONSTELACIÓN

El consultante plantea un tema o problema y luego de una entrevista breve, focalizada y al mismo tiempo ampliada, el facilitador acuerda con él una hipótesis de trabajo. Se le solicita que ubique en el espacio esa imagen interna que tiene del “problema”. Eso ya le permite al facilitador empezar a ver y, a quien consulta, comenzar a “darse cuenta”. Se mira y describe la imagen, sin juicios, solo expresando lo que se ve, sin interpretar, sin proyectar, fenomenológicamente. Cuando el trabajo es grupal, se eligen personas que representen al consultante y su problemática, y estos representantes tienen sensaciones que coinciden con aquellos a quienes representan, sin conocerlos ni tener información sobre ellos, sensaciones que se cotejan con el consultante. Esto permite continuar con el trabajo hasta alcanzar una imagen final de solución que sirva a quien consulta.

Lo que llamamos solución no siempre es lo que nosotros buscamos o queremos, pero en todos los casos produce un impulso y una fuerza, y tiene un significado para el consultante, activación que le permite dar el siguiente paso. Si el trabajo es individual, se trabaja con dibujos, plantillas, objetos… que se ubican en los lugares que representan la situación del problema. Si es grupal, aunque la constelación se lleva a cabo para el caso específico de una persona, el proceso provoca emociones, sensaciones e impulsos para reflexionar en todos los integrantes del grupo. Solo es necesario estar presente, en el sentido de tener disposición, de mostrarse abierto y respetuoso ante lo que se nos muestra. De esta forma, los “observadores” del trabajo también son parte en su propio proceso. Cabe añadir que cuando una parte del sistema se mueve, todo el sistema lo siente; así es como con el movimiento de quien consulta influye en aquellos que no están presentes físicamente, aunque son parte.